La omisión de las mujeres en la planificación del espacio local y el desafío de la municipalización del enfoque de género.

Por Vivian Palacios Franco y Felipe Valdebenito. Publicado en «La voz de los que sobran», mayo 13, 2021

Nuestra esperanza y compromiso va precisamente desde una ordenanza de igualdad de géneros (cuyo modelo ya hemos redactado) la creación de una dirección municipal de género, la implementación de la norma chilena Nº3262 para incorporar un sistema de gestión de igualdad de género y conciliación de la vida laboral, familiar y personal en el municipio; una política local de cuidados, un programa de ESI en la salud y educación municipal y una aplicación – ya diseñada-  de seguridad de género. 


Existe un extenso y nutrido debate en torno a la igualdad de género en el actual proceso constituyente,  acompañado de un – aparente- consenso en cuanto a la urgencia de reconocer y garantizar la igualdad de género y la democracia paritaria en la nueva constitución; sin embargo, cuando hablamos de gobernanza local y municipios, la discusión pierde fuerza y pareciera no ser tan clara, transversal ni menos urgente en cuanto a la necesidad de comprometer políticas públicas locales con perspectiva de género e interseccionalidad.  

Un primer ejemplo es en torno a la retórica del debate público de género desde las comunas, que suele desarrollarse omitiendo que el municipalismo también sufrió el debilitamiento propio del proceso dictatorial y de los duopolios neoliberales – intrínsecamente patriarcales- que administraron comunas en “democracia”, por lo que hablar de descentralización, desarrollo local y poder territorial tiene innegablemente una dimensión de género en relación a la necesidad de redemocratización y ciudadanía plena de las mujeres y disidencias desde los gobiernos locales, la que resulta decisiva no sólo en clave política, sino también como medida correctiva de situaciones discriminatorias derivadas de la falsa neutralidad de las políticas públicas que nos rigen actualmente en el ámbito local.

En lo práctico, si bien hay comunas que cuentan con ordenanzas municipales referidas a la no discriminación o al acoso callejero, son tan pocas a nivel nacional que pareciera que alcaldías y concejalías olvidaron que la política pública local también es androcentrista y por ende, reproduce y profundiza asimetrías de género. Hasta hoy, no existe un municipio que transversalice adecuadamente el enfoque de género con el estándar internacional, en el marco del control nacional de convencionalidad y con una ordenanza de igualdad de géneros que municipalice derechos- por ejemplo – del Convenio Belém Do Pará, con su respectiva dirección de igualdad de género y diversidades que unifique los programas y servicios a los que accedemos cotidianamente.

Esta medida permitiría nuevos lineamientos para la planificación de las ciudades, partiendo por actualizar PLADECOS y planes de seguridad ciudadana desde la interseccionalidad y el enfoque de género; inversión y presupuesto local con lentes de género, establecer la paridad en el concejo y en las direcciones, servicios populares que consideren las desigualdades de base, programas de educación sexual integral ESI desde salud y educación municipal e inclusive una política local de cuidados, que permitirían disminuir brechas y materializar la igualdad en las comunas según su realidad.

Además de ser la primera alcaldía ciudadana en la historia de Temuco, nuestra esperanza y compromiso va precisamente desde una ordenanza de igualdad de géneros (cuyo modelo ya hemos redactado) la creación de una dirección municipal de género, la implementación de la norma chilena Nº3262 para incorporar un sistema de gestión de igualdad de género y conciliación de la vida laboral, familiar y personal en el municipio; una política local de cuidados, un programa de ESI en la salud y educación municipal y una aplicación – ya diseñada-  de seguridad de género. 

Creemos que los gobiernos locales y quienes esperan administrar comunas deben aprovechar el momento histórico en favor de nosotras, dejar atrás propuestas vagas y obsoletas como las “oficinas de la mujer” y traspasar adecuadamente las demandas de género al plano local, poniéndose a tono con este siglo.-

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